Vas a morir. Perdón por recordártelo
Pero saberlo puede cambiar tu vida más de lo que crees.
Hola, soy Juan.
Mi visión es compartir contigo pensamientos que no me puedo quitar de la cabeza y que creo que todo el mundo debería de conocer. Lo que me funciona a mí también te puede funcionar a ti 🫡
Me obsesiona el paso del tiempo. Busco todo el rato señales di si lo estoy aprovechando bien.
Se que es misión imposible buscar esa certeza. Más me valía dedicar esa energía mental a hacer crucigramas.
Sin embargo, buscando el origen de ese pensamiento tan recurrente que tengo, lo termino encontrando en que el tiempo es finito.
El tiempo se acaba, porque más tarde o mas temprano todos nos morimos. Punto.
La muerte, tema tabú social.
Mi intención con esto no es generarte un ataque de ansiedad. Pido disculpas.
Solo quiero reflexionar un poco tocando varios temas relacionados. Vamos con ello.
Que nos pasa con la muerte
Hablar de la muerte incomoda. De hecho yo me estoy sintiendo incomodo escribiendo/pesando en ello.
Justo por eso me parece interesante.
La muerte lleva dándonos miedo e influenciando profundamente nuestras acciones desde que existimos.
Tiene muchísimo peso en cualquier cultura que se te ocurra.
Desde ritos mortuorios, monumentos inmensos (como las pirámides, no te olvides que son tumbas) hasta todo tipo de supersticiones.
A día de hoy sigue condicionando inconscientemente nuestras acciones más cotidianas.
Parece que nuestra mente tiene un trigger automático que salta cuando algo nos recuerda que nos morimos.
Soluciones colectivas
La solución más evidente (y la más antigua) es la religión.
Me da igual cual, porque si te fijas todas tiene el componente común de responder a la pregunta "¿Y qué pasa después?"
Pues después te reencarnas… o después vida eterna… o después paraíso con vírgenes o Valhala o lo que toque.
Todas tienen su solución para la muerte. Y déjame decirte que esta solución funcionaba muy bien y todavía hoy sigue funcionado.
Para sociedades secularizadas como la nuestra, mucha gente encuentra solución en “religiones sin dioses”.
Marcas, patriotismos y fandoms. Que ofrecen pertenencia, narrativa compartida y la posibilidad de “vivir” más allá de uno mismo.
Cualquier cosa que prometa continuidad de nuestra identidad ya sea en el cielo, en la nube o en la memoria de la tribu.
El arte funcionó también muy bien para buscar esa continuidad de "dejar huella". Va muy ligado al efecto legacy drive:
→ Cuando la muerte se vuelve consciente, emergen pulsos de “generatividad”:
La gente dona más a proyectos que sobrevivirán a su propia vida, se implica en iniciativas ecológicas y redobla esfuerzos filantrópicos.
Además, hoy en día tenemos otras palancas como el transhumanismo o la criónica que buscan prolongar la vida.
Y todos los mercados relacionados con el anti-aging también tienen cada vez más peso.
La muerte como palanca de manipulación
Políticos, publicistas y medios han aprendido que un simple recordatorio de nuestra fragilidad basta para reorientar actitudes.
Tras los atentados del 11-S, diversos experimentos mostraron que los votantes que habían reflexionado sobre su propia muerte apoyaban con más fervor a líderes percibidos como providenciales.
(en 2004, la preferencia por George W. Bush frente a John Kerry se disparó tras un “prime” de mortalidad.)
El mismo resorte se activa en la publicidad:
Anuncios que incluyen guiños explícitos o velados a la muerte incrementan la intención de compra de los productos emitidos inmediatamente después. Aun cuando el espectador no sea consciente de la maniobra.
En la era del scroll infinito, una dieta constante de titulares sobre pandemias, guerras o catástrofes ajusta el volumen de nuestra ansiedad existencial; estudios durante la pandemia comprobaron que un mayor consumo mediático predecía picos posteriores de ansiedad ante la muerte.
Utilizan nuestro miedo para modificar nuestro comportamiento como consumidores.
Nada sorprendente hasta aqui.
Simplemente, intentar ser conscientes de ello es lo mínimo que podemos hacer.
Tratar de evitar ser influenciados en la medida de lo posible, aunque no es fácil.
Conclusiones
La muerte va a seguir estando ahí. Para eso no hay curso de youtube ni un "Con estos 3 pasos conseguí la vida eterna GRATIS"
La influencia que la muerte tiene en nosotros tampoco es fácilmente solucionable. Parece ser algo muy primitivo y subconsciente.
Lo que si, te invito a que vivas el memento mori en plan positivo: para priorizar bien y disolver preocupaciones tontas.
También, cuando sientas que están evocando tu fragilidad, respira y pregúntate: “¿Qué quieren que compre, crea o vote bajo presión?”
Ese segundo de lucidez podría amortiguar la manipulación.
Que todo se acabe se puede ver como una sobre negra o como la chispa que le da sentido a las cosas.
Si todo fuera infinito posiblemente o nos haría sentir nada. No tendría gracia.
Y poco más que decir al respecto.
Te dejo algunos estudios que me estuvo recomendando chatgpt cuando exploraba estos temas.
Me despido más abajo.
Evidencia científica
Un repaso rápido por la literatura de Terror Management Theory.
En 1990 un grupo de jueces federales de EE. UU. dictó penas un 300 % más severas tras escribir un párrafo sobre su propia muerte.
Los investigadores influenciaron indirectamente a los jueces mediante una encuesta con un par de preguntas ocultas relacionadas con la muerte.
El resultado fue una desviación significativa en el juicio moral de estos jueces.
Otros ejemplos:
Preferencia por líderes carismáticos. En un estudio posterior al 11-S, quienes pensaron en su propia muerte mostraron mayor apoyo a un líder percibido como fuerte y carismático (George W. Bush) frente a un candidato más “racional” (John Kerry).
El recordatorio de la finitud llevó a buscar protección simbólica en figuras de autoridad.
Aumento del materialismo y el gasto en lujo. Tras redactar un breve texto sobre su muerte, los participantes del experimento de Kasser & Sheldon (2000) declararon deseos más intensos de poseer bienes caros y una mayor disposición a gastar en marcas de prestigio, señalando que la ansiedad existencial puede canalizarse hacia el consumo.
Mayor agresión contra quien desafía nuestro “mundo”. McGregor et al. (1998) pidieron a los voluntarios decidir cuánta salsa picante debía ingerir una persona que había ridiculizado sus ideas políticas; tras pensar en la muerte, asignaron dosis significativamente más altas, evidenciando que la amenaza existencial agudiza la hostilidad hacia los que cuestionan nuestras creencias
Gracias por haber leído hasta aquí.
Te invito a que contestes a este email con tu opinión sobre todo esto.
Es un tema que me interesa mucho, estaría genial leer que tienes en la cabeza sobre él.
Nos leemos la semana que viene.
Un fuerte abrazo.
