El circo
La política, marketing, emociones y la ilusión de elegir
Hola, soy Juan. Mi visión es compartir contigo pensamientos que no me puedo quitar de la cabeza y que creo que todo el mundo debería de conocer. Lo que me funciona a mi también te puede funcionar a ti 🫡
Si has llegado aquí desde algún sitio que no es tu bandeja de entrada:
Si votar sirviera para algo estaría prohibido
Lo dijo Emma Goldman, lo repitieron punkis y anarquistas. Hoy, más que nunca, parece una broma con peso profético.
Es una frase dura, pero tanto tú como yo sabemos que, por mucho que votes, no va a cambiar nada.
Es simplemente una ilusión de tener elección.
Y los que mandan también lo saben. Por eso nos dejan votar.
El sistema está construido desde el poder para perpetuar el poder. Perfectamente articulado para parecer lo que no es.
Desde sus orígenes, que supongo tenían objetivos nobles, hasta hoy, ha pasado por décadas de evolución y transformación.
Hoy se parece más a una cárcel perversa de manipulación y entretenimiento. Una degradación extrema.
1. Evolución
La forma de hacer política no es más que el reflejo de la evolución de la sociedad.
En los siglos XVIII y XIX, cuando la sociedad era mucho más literaria, los debates duraban horas y estaban llenos de contenido racional.
Con la aparición de los nuevos canales de comunicación, sobre todo la televisión, la política se volvió visual.
Como casi todo, terminó convirtiéndose en espectáculo. Con un componente muy marcado de entretenimiento.
En la película El último hurra, Frank Skeffington definió la política como un deporte. Creo que es una comparación equivocada.
En el deporte, el estándar de excelencia es claro, tanto para los jugadores como para el público.
Y la fama de un jugador es consecuencia directa de su aproximación a ese estándar.
En 1966, Ronald Reagan la definió como un espectáculo: “...is just like show business”
Y esta sí me parece una comparación mucho más acertada.
En el show business, el objetivo principal es complacer al público.
Las herramientas para lograrlo no tienen nada que ver con la excelencia o la honestidad.
Creo que la política es un reflejo directo de la población.
Al final es un negocio: Se venden ideas que tienen que ser compradas por la gente.
Y la forma de venderlas está completamente adaptada al público objetivo.
Es puro marketing.
En el libro The Selling of the President 1968, Joe McGinniss expone muy bien el marketing brutal detrás de la campaña de Nixon.
Ahora, un par de problemas de difícil solución que quiero destacar en general:
2. Falta de representatividad
Es arrogante pensar que una persona puede decidir lo que es mejor para millones.
Cada uno tiene sus necesidades, su contexto y sus problemas.
No se puede gobernar igual un pueblo de Ávila que un barrio de Madrid. El contexto es demasiado diferente.
La realidad es compleja, y cuando generalizas, borras los detalles. Y ya sabes que el matiz siempre marca la diferencia.
Este es un fallo estructural cuando se intenta gobernar a millones de personas desde una administración central.
Simplemente no se puede hacer bien. Es imposible.
3. Falta de racionalidad
El capitalismo viene de la Ilustración y, como la democracia, asume que los participantes tienen cierto grado de madurez.
Por eso un niño no puede firmar contratos legales.
Se presupone racionalidad.
Pero si el valor de mercado lo define el hype (sentimiento), no la utilidad (racionalidad)…
Y, en democracia, las ideas racionales son ahogadas entre las opiniones emocionales de la mayoría…
Estamos haciendo las cosas mal. La razón es un requisito esencial para que ambos sistemas funcionen.
Lo dije antes: la política es un reflejo de la población.
Si la población es infantil, la política será un circo. Punto.
En fin.
Hoy tocó edición de crítica social. Espero que te haya parecido útil.
Hazme el favor y mándaselo a alguien que sabes que le hace falta esto:
No me he metido con ningún partido ni con ningún país en general.
Son generalidades de todos las democracias occidentales.
Nos vemos la semana que viene con más.
Un fuerte abrazo.

Es lo que pasa cuando formas parte del decorado, que puedes moverte, pero no decidir nada. Votar se parece más a cambiar de canal que a cambiar el guión. Y lo saben. Pero mientras el espectáculo siga, nadie cuestiona el teatro...