Cuando ya no queda nada en pie
El único refugio que no puedes perder: tú mismo.
Hola, soy Juan.
Mi visión es compartir contigo pensamientos que no me puedo quitar de la cabeza y que creo que todo el mundo debería de conocer. Lo que me funciona a mí también te puede funcionar a ti 🫡
Cuando todo se rompe, ¿Dónde te escondes?
A veces llega. Sin aviso.
Un diagnóstico. Un despido. Un adiós.
Y, de pronto, todo lo que dabas por seguro se desaparece.
Es en esos momentos, cuando ya no hay suelo firme, es cuando te haces una de las preguntas más fundamentales que puede hacerse un ser humano:
¿Dónde me refugio cuando todo se rompe?
Una de esas preguntas como ¿Quién soy? o ¿Cuál es mi misión?
Como sabrás si llevas un tiempo aquí, me encanta reflexionar sobre este tipo de preguntas.
¿Qué queda cuando ya no hay nada?
Durante años pensé que esa pregunta era para otros. Para los que les va mal, para los que no se cuidan, para los que no planean.
Error.
Es para todos. Y cuanto más creas que no te tocará, más desprevenido estarás cuando llegue.
Como ese adolescente que se siente inmortal… hasta que deja de serlo. Es tal cual.
La necesidad del refugio interno
La filosofía ha explorado esta idea desde siempre.
Séneca escribía: “Ningún viento es favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige”.
Pero también decía que, si no puedes cambiar el viento, debes convertirte tú mismo en el puerto.
El refugio no está fuera.
No está en el dinero, ni en las relaciones, ni en la salud, ni siquiera en las certezas.
Está (si tienes suerte y práctica) en ti.
No es fácil llegar a ese lugar.
Y desde luego no se improvisa cuando todo explota.
Es un refugio que se construye día a día, en tiempos de calma.
Como el paracaídas que se dobla con cuidado cuando todavía estás en tierra.
Tres caminos hacia dentro
Estas son algunas ideas que me han servido:
1. Cultivar la presencia
Pensar, escribir, el silencio, saber estar solo... Prácticas que no “sirven” de forma inmediata, pero que te dan estructura cuando todo lo demás se derrumba.
2. Construir un diálogo interno fuerte
Ser tu propio aliado en vez de tu juez. Hablarte con la voz de quien te cuida, no con la de quien te castiga.
Viktor Frankl, desde un campo de concentración, escribió (en El hombre en busca de sentido) que lo único que no podían quitarle era su actitud ante lo que le sucedía.
3. Estar preparado para perder
No como fatalismo, sino como realismo radical. Esto es muy estoico.
Es la fina línea entre el desapego absoluto, que lleva a la indiferencia.
Y el materialismo máximo, que lleva a siempre querer más y a un profundo dolor cuando algo se pierde.
Ese punto medio consiste en disfrutar de todo con consciencia de que es prestado. Y que en cualquier momento lo podemos perder.
Suena complicado y lo es. Pero las cosas se disfrutan el doble.
Marco Aurelio escribía cada noche sobre la muerte, no por una filia extraña, sino por estar preparado.
Saber que puedes perderlo todo te ayuda, de alguna forma, a no perderte a ti.
Cuando llega la tormenta
Y un día pasa. El suelo se abre y se lo traga todo.
Descubres que no puedes evitar el dolor, pero sí puedes elegir no añadir sufrimiento.
Que puedes no tener respuestas, pero sí tener raíces.
Ese día, si has hecho el trabajo, te encontrarás contigo. Y no serás un extraño.
La crisis no es una posibilidad. Es una certeza.
La pregunta es: cuando todo se rompa… ¿vas a estar ahí para ti?
Porque la realidad es que probablemente estés tu solo.
En fin.
Lo de hoy es un pelín profundo. Espero que os ayude a pensar en ello como a mi me ayudó escribirlo.
Y que sepas que esta edición está inspirada por una charla que tuve hace unos días con una amiga.
Si me conoces, no te preocupes por mi que estoy en el mejor momento. Simplemente hago los deberes para cuando todo se rompa.
Como siempre, encantado de saber tu opinión. Si te hace contármela claro.
Nos leemos la semana que viene con más.
Un fuerte abrazo.
